¿Gastro-fascismo?

Hace unos días me topé que con el ensayo Peasant and Chef: The Limits of Peruvian Gastro – Fascismo, 1994 -2012 “Campesinos y Chef: Los Límites del Gastro-Fascismo Peruano, 1994 -2012” (traducción propia) escrito por Javier Puente. En este trabajo, el autor propone el término “gastro-fascismo” para conceptualizar el movimiento culinario peruano encabezado por el reconocido chef Gastón Acurio.

Según Puente, el movimiento gastronómico peruano tiene componentes fascistas ya que presenta ideológicamente un discurso de disociación política, triunfalismo y nacionalismo. Además, el gastro-fascismo propondría una organización corporativa de la sociedad donde cada estrato socioeconómico cumple una función específica. Campesinos, chefs y clientes; todos tienen un rol y una función asignada en la cadena de valor dentro de la visión social armónica que idealiza el movimiento.

El gastro-fascismo también es un movimiento inclusivo en la medida que articula corporativamente a los enclaves de la sociedad peruana y les provee de un discurso nacionalista que atraviesa las brechas de clase y raza. En ese sentido, el gastro-fascismo ha generado símbolos integradores transversales que nos permiten a todos sentirnos identificados con nuestra comunidad culinaria: el Perú.  La identificación con el ceviche, la papa y la chicha morada abarca a un conjunto mayor y más diverso de peruanos de lo que habrían hecho Haya de la Torre con la estrella o Belaúnde con la pala en sus momentos de auge.

No obstante, Puente concluye su ensayo en tono alarmante. El discurso que Gastón Acurio inició como una estrategia de marketing es ahora una ideología viva que ha germinado y se ha expandido a través de la masa peruana, masa racista y ahora orgullosa. La masa tiene ahora una ideología de tintes fascistas en un contexto de real discriminación.

El límite del gastro-fascismo está en que su discurso integrador se desvanece ante la realidad marcada de diferencias pero deja, sin proponerlo, una masa orgullosa y racista que podría revivir la violencia. Con este resumen, propongo analizar un aspecto que pone en cuestión el término gastro-fascismo y critico el ensayo de Puente por sus fallas conceptuales. Entiendo que si el concepto “gastro-fascismo” no queda adecuadamente explicado, entonces todo el ensayo de Puente se derrumba debido a que su propuesta conceptual no describe el fenómeno específico.

Con el término “gastro-fascismo” el autor ha caído en el error, muy común, de forzar un estiramiento conceptual (conceptual stretching) inadmisible[1]. El término “fascismo” ha sido unilateralmente diluido para que pueda ser empleado en la descripción del movimiento culinario peruano. No obstante, esta operación transforma el significado e invalida el término “fascismo” ya que discrimina elementos componentes de acuerdo a la conveniencia explicativa.

Durante el ensayo el autor no presenta una definición clara de fascismo, solo se limita a indicar algunas implicancias del concepto sin especificar fuentes. Lo más próximo a una definición de fascismo que presenta el ensayo es la siguiente:

[…] Fascism implies political disassociation, inter-class societal organization, corporate division of the society, triumph of the will over reason, and strong nationalist sentiments [2]

[…] Fascismo implica disociación política, organización inter clase, división corporativa de la sociedad, triunfo de la voluntad sobre la razón y fuerte sentimiento nacionalista” (traducción propia).

Sin embargo, “fascismo” también tiene características que han sido omitidas sin una previa explicación por parte del autor. Definir fascismo no es fácil. Varios académicos han teorizado el concepto desde tiempos de Mussolini. Una definición interesante es la que presenta Norberto Bobbio en el Diccionario de Política:

El fascismo es un sistema político que trata de llevar a cabo un encuadramiento unitario de una sociedad en crisis dentro de una dimensión dinámica y trágica promoviendo la movilización de masas por medio de la identificación de las reivindicaciones sociales con las reivindicaciones nacionales.[3]

Otra definición, de carácter funcional, es la siguiente:

Fascists seek to unify their nation through a totalitarian state that seeks the mass mobilization of the national community through discipline, indoctrination and physical training[4].  

[Los] fascistas buscan unificar su nación por razón de un Estado Totalitario que movilice a las masas de la comunidad nacional mediante disciplina, adoctrinamiento y entrenamiento físico (traducción propia).

Las definiciones presentadas aquí buscan explicar qué, cómo y para qué del fascismo, no solo mencionar algunas implicancias del término. Como podemos observar, el fascismo  implica mucho más que lo descrito por Puente ya que tiene componentes de movilización de masas, organización política, control del aparato estatal, represión organizada y sistemática, adoctrinamiento.

¿Bajo qué metodología se discriminan ciertos elementos del fascismo? Sin esta pregunta aclarada, el término estirado queda vaciado de significado y el “gastro-fascismo” no es más que un subproducto sin contenido definido. Para ejemplificar, veamos que de acuerdo a la descripción por Javier Puente de fascismo podemos conceptualizar otros fenómenos actuales y populares de nuestra cultura.

La promoción de microempresas, la iconografía chicha o el movimiento Marca Perú caben dentro de esta conceptualización sobre fascismo. El “emprende-fascismo”, el “chicho-fascismo” o “chichascismo” y el “Marcaperúscismo” implican conceptualmente a todos los elementos constituyentes del “gastro-fascismo.”

Todos las propuestas presentan disociación política, al menos a nivel de discurso; sentimiento de triunfalismo y nacionalismo, además de corporativismo y organización entre un abanico de clases sociales. Entonces, ¿qué diferencia al gastro-fascismo de algunas de estas propuestas? Por otro lado, ¿no será el gastro-fascismo, como el “Marcaperúscismo” o el “chichascismo” facetas de un mismo fenómeno de mayor complejidad?

El término gastro-fascismo, por su vaguedad, es inadecuado para describir el movimiento gastronómico peruano. En  momentos de crecimiento económico, cuando el Perú “está de moda, casi cualquier actividad económica transversal con discurso optimista, nacional e integrador caería en una especie de fascismo según la descripción de Puentes.

Finalmente, preocupa el tono fatalista con que concluye el ensayo. El determinismo de Puente es una conclusión natural, pero errada, producto de la concepción estirada de fascismo. Por supuesto que el Perú actual, donde abunda el racismo y la desigualdad económica, es una causa de preocupación diaria pero no en la dimensión con que concluye el ensayo.

El fascismo es mucho más que nacionalismo y triunfalismo, es una forma concreta de ejercer poder y dominar desde el aparato estatal con el soporte de una gran coalición social. En el Perú, donde “no hay nada organizado” (Cotler dixit)[5], acusar fascismo es sostener una lectura errada de la realidad.

 


[1] Giovanni Sartori “Concept misinformation in comparative politics”, en American Political Science Review, LXVI, n 4, pp 1033-1053

[3] Norberto Bobbio y otros: Diccionario de política. México: Siglo XXI Editores (décima edición en español), 1997

[4] Grčić, Joseph. Ethics and Political Theory (Lanham, Maryland: University of America, Inc, 2000) p. 120

[5] Meléndez, Carlos La soledad de la política transformaciones estructurales, intermediación política y conflictos sociales en el Perú (200-2012) Lima: MITIN pp.115

 

6 Responses to “¿Gastro-fascismo?”

  1. [...] culinaria nacionalista a pesar de su postura inclusiva. En el blog Equilibrios, Manuel José Ayulo señala que el artículo falla en el concepto mismo de “fascismo” que utiliza, y añade que [...]

  2. Laidi Vanessa Oroya Porras dice:

    Equilibrios,
    Felicito tu iniciativa por promover investigación y discusión en nuestro querido Perú. Tu propuesta está muy bien articulada, fundamentada, y sobre todo es coherente con lo que defiendes. Sin embargo, teniendo en cuenta que asumes una postura desde otro ángulo y en contraparte al ensayo de Javier Puente; hay algunos puntos en los que particularmente prefería mantener el equilibrio y aceptarlos como para tomar en cuenta y no con un fruncido de malestar.
    Entiendo que el desarrollo de tu blog en esta oportunidad busca desatar una proposición que se enuncia como verdad. En primer lugar debo reconocer que Javier Puente ha desarrollado muy bien su ensayo. Recordemos que un ensayo nos da una propuesta subjetiva, es decir se inclina al punto de vista personal, mas no es objetivo. Obviamente, el autor nos sorprende acuñando el término “Peruvian Gastro –Fascism” de manera muy endeble en cuanto a la conceptualización del fascismo. Como mencionas, el autor recurre hacia una generalización; no obstante expone muy bien sus ideas. Personalmente creo que su ensayo cubre todo lo que propone, aún cuando su generalización sea errónea como manifiestas. Así mismo invita a mejorar su obra, la cual acepta tiene algunos vacíos. “…I wish only to contextualize the foundation of this new Shangri-La of Peruvian cuisine, and others can come in after me who will do a better job of filling in any remaining holes.”
    Por otro lado, algunos puntos que deberíamos rescatar es el sin sabor que nos deja Mistura al privar de la exquisitez de nuestra comida a gran parte de nuestra población. Lamentablemente no todos tienen acceso a deleitar del llamado “boom gastronómico”. Sin embargo es entendible el valor logístico de dicho evento lo cual , quizás se refleja más que en la comida en la no tan atractiva entrada para el peruano de sueldo básico.
    Añadido a ello, a primera vista hay un sabor amargo que nos deja Puente al pretender colocar a la gente de clase holgada como los malos de la película, y como ejemplo señala a Gastón y esposa por tomar ventaja de nuestra gastronomía y devela al resto como la clase oprimida que a duras penas se le reconoce. Es indudable el rol activo que ha asumido Gastón Acurio en nuestra sociedad, pero si él no hubiese sido el pionero ¿a quién se le habría cedido el pase? Quizás a ti o a mí, eso no importa, lo importante es que gracias a que se ha identificado la necesidad de desarrollar habilidades de liderazgo y emprendimiento es que podemos ahora alargar nuestra visión al desarrollo y es ahí donde TODOS ESTAMOS INVITADOS.
    De todas maneras, permanece en mi la pregunta de cómo hacer para que los ya 30 millones de peruanos alcancen desarrollo sostenible y así degustar de un mejor sabor de la vida. ¿Será acaso un sueño peruano?

  3. JAC dice:

    Estoy de acuerdo con la respuesta del Sr. Ayulo, ya que el término “fascismo” implica un aparato estatal que controla, o por lo menos incentiva, ciertos comportamientos colectivos a través de técnicas específicas, como apelar a los sentimientos nacionalistas, indoctrinación sobre ciertas creencias, e intolerancia a las opiniones contrarias en estas mismas materias.

    El estado peruano no está incentivando comportamientos colectivos en la gastronomía peruana. Es el sector privado el que ha llevado a cabo muchas iniciativas, esencialmente de mercadotecnia, para lucrar con una reinvención de la presentación de la cocina peruana a la sociedad y al mundo. Gastón Acurio es simplemente un empresario inteligente que ha sabido capitalizar esta idea.

    A los peruanos siempre nos ha gustado comer bien, y los ingredientes y platos siempre han estado en nuestras mesas (aunque no a todo el mundo le guste la cocina peruana). El hecho que ahora paguemos más en ciertos restaurantes por la presentación, la fusión y el ambiente, es un reflejo del mayor poder adquisitivo de ciertos segmentos de la sociedad, y no de un indoctrinamiento colectivo (y dicho sea de paso, intencional) por parte de Acurio o de cualquier otro actor en esta industria.

    Finalmente, no concuerdo con lo que el Sr. Puente implica con respecto a la realidad del país. A él le resulta ridículo pesar papas fritas en un restaurante, o que nos enfoquemos en comer rico cuando hay tanta desnutrición infantil. No le veo nada de malo. Lamentablemente diferencias socioeconómicas siempre habrá. El que tiene dinero no tiene por qué castigarse constantemente por la mala fortuna de otros. Se debe tener responsabilidad social y ayudar al que no tiene, ya sea por medio de iniciativa privada o pagando los impuestos que el estado nos impone para, supuestamente, asegurar que todos los ciudadanos tengan acceso a necesidades básicas (lo cual en el Perú todavía no ocurre). No tiene nada de errado que el sector privado se desarrolle y lucre. El Sr. Acurio, así como cientos de cocineros, han desarrollado esta industria y creado miles de puestos de trabajo. Las sociedades que castigan el éxito están destinadas a no tenerlo.

    Rebuscar las posibles consecuencias sociales terribles de dicho éxito es irse por las ramas, y el Sr. Puente está filosofando sobre hipótesis fantásticas. “Si mi abuelita tuviera ruedas, sería carreta”.

  4. Ronald dice:

    El Fascismo descrito en el articulo del sr. Puente es un fascismo embrionario; ese es el motivo por el cual no coincide con los contra argumentos que colacas en tu articulo. El Sr. Puente ha reconocido de manera acertada estos comienzos de fascismo. Para poder encontrar la validez de sus argumentos tienes que referenciar
    a documentos acerca de la historia del Fascismo, y notaras ciertas similitudes.
    Ademas de esto la tendencia al Fascismo depende de que tan reprimidos y frustrados se encuentre los individuos de una sociedad. Esto tambien se puede encontrar en texto psicoanaliticos en cualquier biblioteca. El articulo provocara
    obviamente rechazo en la mayoria de las personas porque resalta los defectos
    de los Peruanos como sociedad. Sin embargo la documentacion disponible lo apoya.

  5. [...] culinary rhetoric, in spite of its inclusive stand. On the blog Equilibrios, Manuel José Ayulo points out [es] that the article fails on the concept of “fascism” itself that it uses, and adds: [...]

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